Y si llueve una vez más...

27 de marzo de 2012
Ayer me hicieron una pregunta que me descolocó bastante. Aunque me sorprendió también mi reacción. No la había pensado hasta este momento.
¿Empezar algo de nuevo?
Después de esta calma bastante larga y volver a volcarte en algo es bastante costoso y sobretodo si a lo mejor no estás preparada. Pero ¿y si estás ilusionada? ¿y si tienes ganas de disfrutar, de vivir y sobretodo de volver a enamorarte?
Pensar que puedes volver a sentir todas esas mariposas en el estómago, ese cosquilleo recorriendo cada recoveco de tu cuerpo. Una sensación de plena felicidad.

Tengo miedo, si. De volver a fallar, de no encontrar mi sitio. Pero también tengo locura por dentro, tengo esa sensación de querer vivir algo nuevo, de sentirme libre fuera de mi rutina.
Balancearme en sus pestañas, agarrarme a ellas no me vaya a caer.
Compro fuerza y tesón a quién lo guarde, ando falta de ello para este embarco.
No hay nada como ver el sol entrar por la ventana y ver un "Buenos días" en el móvil. Donde ahora estoy perdida, donde en cada calle me encuentro una nueva señal, en cada esquina, en cada acera de mi vida. Aún no veo el final....

Aquí estoy bailando yo solita bajo la luna estrellada, bajo este cielo azul oscuro, impregnado de pequeñas nubecitas enredadas entre ellas...pequeñas espirales como toboganes fugaces, como mi vida misma, así de loca, así de cambiante como los pasos de aquel rock n' roll que bailamos en esa habitación. En la habitación donde escribimos los caminos que no tendrán final...


Indecisiones entre los matices

14 de marzo de 2012
La vida te llena de demasiadas sorpresas y no sabes por donde cogerlas.
Sorpresas inesperadas, sorpresas gratas y otras que en si te resultan demasiado grandes para recogerlas enteras.

Hya veces que pensamos como en una temporada no tenemos nada, estamos tan tranquilos y queremos tener algo y de repente en poco tiempo estamos llenos de cosas, de personas.

Todo viene de golpe, sino es 1 ya son 3... ¿y qué hacer? todo te desborda, en sí parece muy fácil ¿verdad? Por descarte claro... pero no, eso es el camino fácil y luego nos podemos arrepentir.
¿Entonces qué hacemos? Se puede conocer cada situación, tantear el terreno y descartar poco a poco...

¿Qué pasa si todo te va bien en todas las situaciones? ¿y si cometes un error en alguna que luego repercute en las demás?

Ir con cuidado es lo que quiero hacer, pero me es muy difícil si siempre soy como soy, que a todo el mundo caigo bien y luego viene lo que viene, que no quiero que nadie sufra, pero la que acaba sufriendo más soy yo por hacer sufrir a los demás...

Y pensar que la vida era fácil, que era un camino, una elección, un sendero de narcisos amarillos que brillasen al sol. En cambio, el viento me ha dado una bofetada en toda la cara, duele si, pero no hay otra, la vida es así. Hay que afrontarla, sufrir esas situaciones, disfrutar unas, terminar otras, pero sobretodo quedarte con los buenos momentos.

Veremos en que acaba todo ésto...


Decir adiós fue muy duro, pero luego todo compensó.

3 de marzo de 2012
Ha comenzado Marzo. Aquí hace un año es donde comenzó el principio del fin de una historia que se tornaba de lo más bonita y real, pensada para siempre.
Pero no fue así. Un día a finales de marzo todo se derrumbó. Decir adiós es algo que me costó, pero lo hice. Me dolió muchísimo. Si, fui yo la que dio el paso, pero porque lo necesitaba.
Y hoy me siento con más fuerzas que nunca para escribir sobre este asunto.
Con ésto conseguiré estar, no para siempre, pero por lo menos a largo plazo perdonada con mi corazón.
Las lágrimas de fuego ya no podían soportar más estar encerradas en mis ojos y caer siempre en soledad, cuando nadie miraba, cuando no había hombro en que apoyarse para que cayesen en la manga del acompañante.
¿Dónde estabas cuando yo te necesitaba? ¿Dónde estabas cuando todo se tornaba negro y necesitaba un abrazo o unas palabras de tranquilidad, consuelo o comprensión? ¿Dónde estabas cuando necesitaba libertad?
Mis esperanzas murieron cuando ya no había salida en esa cárcel de soledad en la que me tenías metida.
No podía aguantar más, aunque mi adicción fuera esa colonia que te echabas después de la ducha, esa atracción de tus labios carnosos...pero nada podía parar esa decisión que desde hacía muchísimo tiempo ya estaba tomada. 
Ese mes y medio o dos meses solo sirvieron para esclarecer lo que ya estaba escrito, lo que ya estaba fotografiado en mi mente. Yo intentaría luchar, pero sabía que tú, aún teniendo esperanzas como tal ilusa que era en esos momentos, no ibas a seguir mi camino.
Ninguno por separado fue el culpable de ésto, sino fue esa unión que teníamos, chocaba con esas grandes diferencias que se tornaba como grandes océanos de agua salada, incapaces de cruzar a nado o incluso con un barco que fuera lo bastante fuerte como para sortear las olas de opresión en mi pecho.
La decisión llego un 31 de marzo...para ti sin previo aviso. Por mi parte hacía muchísimo tiempo que sabía que ese día llegaría. Aunque quería retrasarlo un poco más y un poco más, era ya demasiado tarde y ésto no podía esperar. 
Mis lágrimas esta vez no fueron de fuego por la rabia contenida. La fragilidad que las impregnaba era testigo de mi desolación, de mi incomprensión por tu parte, de todo ese daño que llevaba escondido en mi alma aún a sabiendas que en varias ocasiones tú me regalabas preciosos momentos a tu lado.
Sabía que esa escena no sería fácil de interpretar, que habría lágrimas por ambos lados, desacuerdo por tu parte e incomprensión. No me entendías, no sabías porque tomaba esa decisión, pero yo ya la tenía decidida. Llevaba demasiado tiempo rondándome la cabeza y ya no podía seguir en ella sin ser ejecutada.
Intenté poner remedio dejando un espacio entre nuestros cuerpos, suficiente para tomar las cosas con calma, mezclar ilusiones, sueños que antaño habían sido rotos por peticiones con tono cariñoso pero que en su totalidad eran órdenes (de esas que hay que acatar si o si para no hacer daño a la otra persona)
Tú lo hacías cada vez más difícil todo con esa inseguridad que te caracterizaba y no te podía faltar la impaciencia claro está. No me puedo olvidar tampoco de la incomprensión que seguía rondando por tu cabeza, jugabas con mis sentimientos, entremezclabas pensamientos y suspiros para que volviese a caer entre esos bronceados brazos, pero no, esa chica de la que te habías enamorado en su momento, se había convertido en otra. Había cambiado, se había transformado y había abierto los ojos después de mucho tiempo dormitando en una nube de ilusión...
Un 15 de mayo todo acabó, esas fotos fueron devueltas, los besos ya no recorrían nuestros labios impregnados de sensualidad. Ahora las lágrimas recorrían mis mejillas por sufrimiento, por no haber sido capaz de llegar a la meta de arreglar las cosas entre ambos.
Te fuiste, sin mirar atrás, con las gafas de sol puestas, para que no viera como tus perlas marrones brillaban por el comienzo de una lluvia de lágrimas que pronto tornarían en un llanto mudo y en soledad...

Casi un año después he querido escribir ésto. ¿Con qué fin? os preguntaréis muchos. Con el fin de saber que ya no hay sufrimiento por mi parte, que la vida aún habiéndome dado otros tantos puntapies menos fuertes, me sonríe. 
Ahora puedo decir que estoy en paz conmigo misma, con la decisión que tome, la más difícil en toda la vida que llevo. Se que fue la correcta, que este pajarillo tiene que seguir divagando por este precioso mundo, para seguir haciendo felices a las personas que más le importan, para conseguir sus metas, para abarcar esos sueños infinitos.

Y quizás algún día, no se sabe si muy lejano o no, vuelva a encontrar esa sensación de amor, de mutuo acuerdo, de felicidad...
Pero por lo pronto lo que quiero es disfrutar de mi vida, vivir el día a día. Buscar esas sonrisas que no lleven prisa, que sean de verdad, con credibilidad. 

Ahora puedo decir que estoy bien.






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